Hace 15 años; en un lejano 2003 donde Vicente Fox presidía al país como la primera alternancia política y Andrés Manuel López Obrador se convertía rápidamente en un ser querido —por la ciudadanía— en su mandato como Jefe de Gobierno; había centros comerciales en barrios de alto poder adquisitivo y los rascacielos se contaban con los dedos, 15 rascacielos:

La Torre Latinoamericana, la más emblemática de todas (1956); la Torre Insignia, el ícono del Metro Tlatelolco (1962); la Torre Pemex, siendo la más alta anteriormente (1982); el InterContiental (1977) y Hyatt Regency (1987) en Reforma; la Torre de Mexicana —hoy de la aseguradora AXA— en la Narvarte (1984); la Torre de Caballito, la casa del SAT (1988); El WTC, anteriormente como el Hotel de México (1972); y terminado como tal en 1995; Los Residenciales del Bosque en Polanco; la Torre Altus en las Lomas; la Bolsa Mexicana de Valores, Reforma 265, la Torre Mural en Insurgentes, Arco Bosques en Santa Fe, durante los noventas; y la Torre Mayor, inaugurada en ese año (2003).

Ahora, en 2018 hay aproximadamente 45 rascacielos en toda la ciudad; 26 el planeación y construcción —en especial la Torre Mitikah en Coyoacán (267.3 m), la CETRAM de Chapultepec (+190 m) y el University Tower (196.6 m) —la anterior sede la Escuela Bancaria y Comercial—; sumado a la infinidad del crecimiento de plazas comerciales, residenciales que superan los 100 metros de altura, y otros edificios de oficinas. Parodiando una frase de Los Simpson: “La CDMX se está convirtiendo en Tokio tan gradualmente que no nos damos cuenta”. Pero ¿A qué precio?

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El socavón del Paso Exprés de Cuernavaca

Hace exactamente un año veníamos del socavón del Paso Exprés de Cuernavaca; donde por fallas estructurales de la obra provocaron la muerte de dos personas en un socavón. Lo que pasó en Artz Pedregal dista de una casualidad, a excepción de la fecha. En los últimos años han estado brillando escándalos de corrupción en construcciones. Permisos irregulares, cambios constantes del uso de suelo, materiales de pésima calidad para abaratar costos —y mochar de ahí—, entre otros.

Que Grupo Rioboo tuvo la culpa; que Miguel Ángel Mancera y Leonel Luna —exdelegado de Álvaro Obregón— otorgaron los permisos irregulares; que Sordo Madaleno diseñó mal. El problema no es designar culpables, es que esto sigue y seguirá. Los cambios de uso de suelo, la escasez de agua, las construcciones irregulares, los aumentos prediales; pero sobre todo, el boom inmobiliario descomunal que impera en la ciudad.

No por nada los vecinos de Jardines del Pedregal se manifestaron contra la obra dos años antes; lo mismo está pasando con el complejo de Be Grand en Ciudad Universitaria, la nueva Embajada de Estados Unidos, junto a otros edificios, en el Nuevo Polanco; la Torre Murano y la Torre Anseli ya causan estragos en San Ángel; crecimientos inmobiliarios descomunales en Azcapotzalco, Cuajimalpa —específicamente Santa Fe—, Tlalpan, Cuauhtémoc y Benito Juárez.

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Zapata 56, después del sismo del 19S

La corrupción inmoviliaria capitalina ya cobró víctimas: Zapata 56 en el pasado sismo del 19S. Afortunadamente hubo saldo blanco en Artz Pedregal, pero en el futuro no muy lejano habrá otro derrumbe y en el que desconocemos si habrá víctimas. Todos los que vivimos en esta ciudad tenemos tres cosas claras: Estamos en medio de un lago semi-extinto, hay terremotos, y la urbanización está mal planeada.

Es el apogeo de los centros comerciales de uso mixto. Parque Tepeyac, Portal Britania, Gran Terraza Coapa, Paseo Coapa, Encuentro Oceanía; las CETRAM Chapultepec y Martín Carrera, Destino Azcapotzalco, Artz Insurgentes —Aún Estadio Azul—, Sendero Tlalnepantla; y los ya inaugurados Las Antenas, Manacar, Encuentro Fortuna, Miyana, Paseo Interlomas, Patio Tlalpan, Oasis Coyoacán… y la lista puede seguir.

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Skyline del Sur de la CDMX

En la Revista Nexos hay infinidades de artículos que documentan el pésimo urbanismo planeado de la Ciudad de México. Artz Pedregal es uno de ellos; construido a pocos metros de la Presa Anzaldo, donde corre el Río Madgalena, en un tipo de suelo en que la erupción de roca volcánica del Volcán Xitle llega al límite; y con la tala indiscriminada de árboles para construir un pseudoespacio público urbano disfrazado de modernismo.

La ciudad está cambiando; pero no para bien. Edificios que superan los 130 metros de alturas, departamentos que empiezan a cotizarse en dólares, la enorme ausencia de áreas verdes remplazadas en centros comerciales, priorización a obras automovilísticas, gentrificación, tráfico desquiciante, falta de agua, obras negras e irregulares, colapso en drenaje, pero sobre todo corrupción y caso omiso de las autoridades por semejantes proyectos de hasta edificios que superan los 300 m de altura La Torre Deltay fuera de toda proporción.

Hace un año fue el Paso Exprés y Zapata 56; hoy fue Artz Pedregal. Mañana, cualquiera de las miles de obras que se están construyendo, quizá en su colonia. No quiero ver en veinte años una crisis mayúscula de agua en la ciudad, que los centros comerciales que se están construyendo tengan el mismo futuro que ahora lo tiene Estados Unidos hace unos días quebró Toys R Us, la gran juguetería; que muchas personas sean desplazadas a los suburbios porque los prediales se volvieron impagables por la gentrificación.

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