Ha pasado un mes desde que Rusia inició la «operación militar especial», término oficial ruso que hace referencia a la invasión de Ucrania. A lo largo de este tiempo se han visto toda una serie de reacciones por parte de Occidente, las cuales se han centrado en afectar la economía del país euroasiático, aunque algunas de las sanciones han superado el límite de lo inverosímil. Sin embargo, un pequeño país europeo ha tratado de mantener cierta independencia respecto a lo dicho por los países occidentales, situación que se ha demostrado especialmente en el club de fútbol más importante del mismo lugar.

Una hermandad complicada

Serbia es un país ubicado en los Balcanes, una zona ubicada en el sureste de Europa que se ha destacado por ser un punto frecuente de conflictos, un lugar en el cual durante milenios diversos imperios dejaron su huella mientras luchaban por controlar unas tierras que siguen siendo un punto importante en el camino terrestre rumbo al Medio Oriente. Unas tierras que durante mucho tiempo fueron dominadas por imperios como el romano, el bizantino y el otomano, y que con el paso de los años han dado surgimiento a una buena cantidad de naciones que se han consolidado en un entorno hostil.

Durante los siglos XIX y XX se presentó el surgimiento de estados nacionales como Bulgaria, Serbia o Rumania, los cuales fueron creados en parte por las victorias militares de Rusia ante el Imperio Otomano, lo que entregó cierto prestigio y cariño por parte de estos pueblos a Moscú, quien es visto como una especie de hermano mayor debido a los orígenes eslavos de todos estos pueblos; el cristianismo ortodoxo y el alfabeto cirílico, el cual funciona como entendimiento entre estas naciones.

Manifestación en apoyo a Rusia en Belgrado, Serbia

La ubicación de estos países los colocó en la desafortunada situación de convertirse en un lugar de conflicto en los dos eventos bélicos del siglo XX: la Primera Guerra Mundial dio comienzo en estas tierras y el escenario bélico de la Segunda también tuvo varias de sus escenas más importantes en los Balcanes.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de la región quedó bajo la influencia soviética a través de la creación de repúblicas socialistas en Yugoslavia, Bulgaria, Rumania y Albania, las cuales en mayor o menor medida estuvieron sujetas a la influencia de Moscú. Sin embargo, posteriormente los gobiernos del Mariscal Tito en Yugoslavia y Enver Hoxha Albania se alejaron de la órbita rusa y trataron de establecer sus propias formas de socialismo, aunque el pueblo siguió sintiendo una hermandad con los soviéticos.

En la década de 1990 los regímenes socialistas cayeron, y en el caso de Yugoslavia se presentó el nacimiento de nuevos estados: Croacia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina y Macedonia (hoy Macedonia del Norte), además de una mayor conciencia nacional en Kosovo y Montenegro.

Yugoslavia, bajo el mando de Slobodan Milosevic trató de mantener el control en Kosovo y en la parte de mayoría serbia de Bosnia, la llamada República Srpska, con la utilización de su ejército o de grupos paramilitares como los llamados Tigres de Arkan, surgidos de los radicales del club que trataremos más adelante. Estas reacciones provocaron una respuesta por parte de los países de la OTAN, las cuales consiguieron pacificar la situación después de una serie operaciones militares que se extendieron a lo largo de la década de 1990. Todo ellos terminó en 2008 con la proclamación de la República de Kosovo, la cual sigue sin tener un reconocimiento mundial. En todo este tiempo Rusia era un país en cierta reconstrucción o con sus propios conflictos internos, por lo que no pudo ayudar a su hermano menor.

Las operaciones militares se saldaron con la reducción del territorio de Serbia y un resentimiento de una parte de la población local respecto a los países occidentales, el cual incluso se vio reflejado recientemente en manifestaciones en favor de Rusia o la negativa del gobierno serbio a condenar la invasión de Ucrania además de realizar algún tipo de sanción contra el gobierno de Putin, lo que le ha permitido al país convertirse en un punto de conexión para quienes quieren viajar o salir de Rusia rumbo a otros países.

La historia de Serbia y sus conflictos es muy compleja para poderla contar en un solo artículo.

Una estrella roja brilla en el cielo

El Estrella Roja de Belgrado es el equipo de fútbol más importante de Serbia, ganador de 31 ligas de Yugoslavia, Serbia y Montenegro y Serbia, además de 25 copas y sobre todo una Copa de Europa y una Intercontinental en 1991, justo antes de que iniciara la desintegración de Yugoslavia.

Debido a su historia el equipo se ha convertido en uno de los mayores símbolos de identidad de los serbios, especialmente al ser el único equipo de la región que logró la conquista del máximo título europeo. Sin embargo, durante la etapa de Yugoslavia, el Estrella Roja se volvió un club próximo al gobierno y por lo tanto un símbolo del dominio que ejercían los serbios sobre los demás pueblos del país, lo que le generó rivalidades con clubes como el Dínamo Zagreb.

En 1990, el partido que enfrentó a estos dos clubes es considerado como uno de los detonantes de la guerra que posteriormente desangraría a la región. En ese encuentro se presentó una batalla campal entre los seguidores de ambos clubes la cual tuvo su punto clave cuando el jugador croata Zvonimir Boban pateó a un policía y se convirtió en un símbolo de la lucha de Croacia ante los serbios.

La patada de Boban

Luego de finalizar el conflicto bélico, el Estrella Roja perdió gran parte de su influencia europea y se mantuvo como un club importante en su país, compartiendo el protagonismo con el Partizán, el otro equipo de Belgrado, pero enfrentando los problemas que han ocurrido con muchos clubes con glorias pasadas, especialmente, aquellos de tipo económico. Los cuales llegaron a poner en peligro la continuidad del club debido a la falta del presupuesto, sin embargo, posteriormente llegaría un salvador.

En 2010 se alcanzó un acuerdo de patrocinio entre Gazprom, la gran petrolera rusa y el Estrella Roja, en un principio el equipo recibiría 3.8 millones de dólares a cambio de lucir el logotipo de la marca durante cinco años, aunque es evidente que con el paso del tiempo ha funcionado la relación y 12 años después se mantiene el acuerdo, aunque con mejores condiciones. En este tiempo, la compañía también consiguió patrocinar al Schalke 04 alemán y a competiciones como la Champions League o el Mundial de 2018, aunque muchos de estos convenios los perdió luego de la operación militar rusa en territorio ucraniano.

El cariño y el agradecimiento por parte de la afición del club de Belgrado ha sido patente, durante este tiempo ha sido común que se escuchen cánticos en favor de Rusia en el estadio del club al igual que la exhibición de banderas de ese país. Un acto que recuerda la hermandad entre estos pueblos.

El equipo ganó mayor notoriedad hace poco cuando sus aficionados mostraron un tifo recordando las intervenciones militares o políticas de Estados Unidos y sus aliados en el extranjero, como una forma de recordar a esas potencias que ellos también tienen su pasado.

Quien sabe cual sea el futuro que le depare al Estrella Roja o a la propia Serbia e incluso si podrán mantener su postura, sin embargo, estos hechos han venido a demostrar que muchas veces existen condiciones que pueden hacer que los pueblos tengan actitudes que quizás no sean las más políticamente correctas, pero son coherentes con su pasado o su realidad social.

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