Haciendo paradoja al título y frase del libro “El Priista que todos llevamos dentro”; ante una elección completamente determinante para el progreso a largo plazo en una nación, y en que aseguran los simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador “En México tenemos todo; pero todo se lo roban”; he percibido la contra de mi familia por no simpatizar con AMLO, es más, ser uno de sus mayores críticos aún no teniendo mi título en Periodismo o en Ciencia Política por sus delcaraciones diarias ante los medios y su aplicada retórica.

No es un secreto entre mis amistades que tengo gran parte de mi certeza de voto hacia José Antonio Meade, el candidato oficialista. Sin embargo, mi fé de voto no está excento de las críticas hacia su partido acusado de inumerables casos de corrupción — La Estafa Maestra, La Casa Blanca, Javier Duarte, César Duarte, Humberto Moreira, Roberto Borge, Mario Anguiano, Tomás Yarrington, Roberto Sandoval, Rosario Robles, Virgilio Andrade, y de nuevo Rosario Robles, y así hasta hacer un pase de lista.

Es incongruente, a simple vista, yo siendo de izquierda y simpatizante de la Socialdemocracia apoye al partido que definió la política mexicana de casi todo un siglo y que lo consideran el enemigo público nacional. Pero sería mayor mi incongruencia defender un partido que se autoproclama de izquierda y representa un conservadurismo más radical que el partido oficial de la derecha, el PAN. La frase no es en vano; el PRI es el partido germinante de toda la política mexicana, aunque no nos guste. Cualquier libro de historia podrá decirlo, hasta los que entrega la SEP.

Y entiendo esa frustración social, tanto de usted como mía, del por qué AMLO está en la cima de todas las encuestas existentes. Los gasolinazos y liberalización de su precio, la devaluación del peso frente al dólar, la firma del Acuerdo Transpacífico, la nula respuesta hacia el presidente de los Estados Unidos; sumados con corrupción, Ayotzinapa y Nochixtlán, y un repunte de violencia a niveles jamás vistos en la historia de México provocaron un efecto social en que todos buscamos un cambio completo de rumbo.

Pero regresar a 1976 no es progreso; nadie puede vivir del pasado, de retropía. Desde muy joven he simpatizado con el keynesianismo, salvó el modelo de John Keynes a muchos países después de la crisis económica de 1929 y volvió más libres a las personas en cuestiones de actividades lúdicas, derechos laborales y revoluciones sociales — como la liberación femenina, la liberación racial y la liberación sexual—; pero aplicarse en 2018 es inviable económicamente.

El neoliberalismo posee un problema enorme: la deshumanización de la economía, en que un teléfono vale más que la propia felicidad y nos está llevando a una cuarta revolución industral a la puerta, donde habrá más desempleo, por ende, mayor depresión social al sentirse desplazado ante una máquina, mayor brote de violencia social; morirá por su propia expansión y ambición de hacer más eficiente un producto.

La verdadera izquierda, moderna y progresista, defiende las libertades humanas ante cualquier circunstancia — la libertad sexual, los derechos humanos, y las libertades sociales y de expresión — como el capital y la iniciativa privada — el libre mercado y la acumulaciones de capitales, pero haciéndola más humana— Algo que Andrés Manuel no representa, por más plural que busque ser.

¿Por qué Meade y no Anaya, que es más izquierda que él? Porque no posee una propuesta concreta, de viabilidad económica; “se saca todo de la manga” en pocas palabras; aunque reconozco su intención de transformar y hacer un cambio social. Ha propuesto la Renta Básica Universal, pero no tiene una financiación real. Ha propuesto un IVA de 8% en frontera norte cuando en realidad quien necesita esa reducción de IVA es en sur, donde son las zonas más pobres de México.

Un Salario Rosa en donde no se especifica de dónde serán los recursos — donde Meade aseguró que serán deducibles de impuestos a quienes contraten empleadas domésticas para financiarlo, y la igualdad salarial porque sí mientras que en Islandia — primer país en aplicarlo — es entre el mismo puesto de trabajo dentro de una empresa. Un modelo de seguidad sin pies ni cabeza cuando se pueden tomar ejemplos como Islandia —programas de desarrollos deportivos serios en jóvenes para evitar el consumo de drogas ilegales — o Australia— limitación extrema de armas.

Pero al final, todo esto tendrá o no sentido el 1° de Julio. Solo deseo que la gente llegue a la urna con un voto hacia la razón — ya sea hacia Ricardo Anaya, a José Antonio Meade o incluso Margarita Zavala , aunque todos los candidatos tienen manchas de corrupción— y no con el hígado, con el enojo. Las cosas que se hacen con enojo jamás salen bien. En Venezuela, Brasil, Bolivia y Ecuador pasaron por lo mismo que nos está pasando ahora; y con solo ver el noticiario de su preferencia verá lo que pasó después de un voto con enojo.

Y ojalá mi familia viera todos los puntos que le presento a usted; pero, al igual que usted y yo, tienen el mismo derecho de voto y la libertad de esoger a su representante. Solo pido que sea por la razón, y no por el enojo.

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