Desde 2015 ya teníamos la elección presidencial en nuestra mente. Después de lo acontecido en Ayotzinapa, junto con el escándalo de la Casa Blanca, y las protestas masivas y violentas para buscar destituir a Enrique Peña Nieto cuando la ley lo permitía para llamar a elecciones anticipadas —cual nunca se logró en el poder legislativo, al tener el PRI y sus aliados la mayoría parlamentaria— ya habíamos empezado esta carrera presidencial para colocar a un “líder” al frente de todos nosotros; o eso nos hacen ver la constitución, pero la realidad es el servicio de unos cuántos en su propia dimensión desconocida.

Traiciones modernas entre ellos mismos; cuentas bancarias en algún paraíso fiscal, contratos otorgados a particulares de formas opacas, nexos con el narcotráfico, poca transparencia en sus patrimonios e intereses, rudeza innecesaria ente sesiones parlamentarias; un peculado descarado en casi todos los políticos actuales —e incluso, presos o fugados—, excesivos gastos de publicidad gubernamental aparentando su realidad alterna y cosas que posiblemente en unos meses veremos a la luz pública.

Mientras nosotros, los ciudadanos, seguimos padeciendo el año más violento en la historia reciente de México; con colegas asesinados por hacer su labor —Javier Valdez, Miroslava Breach, Salvador Adame—, una escalada en delitos comunes que ya no son tan comunes, sino cotidianos y más violentos al internarnos despojar nuestros objetos que fueron adquiridos mayormente de formas honradas. Violaciones a derechos humanos, feminicidios atónitos de semejante crueldad —Lesvy, Mara, Valeria, Anayetzin, y las que lamentablemente no llegaron a la opinión pública— y un aumento del consumo de estupefacientes en población joven.

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Boleta Electoral Presidencial, presentada por el INE (6 de Octubre, 2017)

Dos realidades distintas; la burocracia mexicana cree que México es la reciente película de Disney-Pixar: Coco. Y la sociedad mexicana que ve su realidad como los filmes de Luis Estrada: La Ley de Herodes, El Infierno, y La Dictadura Perfecta; y que estas tres películas se quedan cortas con la realidad. Son perspectivas bastante distintas, llegando a la irrealidad y el espejismo.

Cuando se aproxima una elección, los que están en esa dimensión —alcaldes, diputados locales y federales, senadores, gobernadores y hasta quien aspira a la presidencia—recuerdan su otra dimensión, en donde nosotros nos encontramos, sobrevivimos y convivimos. Nuestro mundo mortal. Y es donde piden nuestro apoyo puerta por puerta como un vendedor ofreciendo sus servicios, ofreciéndose como buena mercancía pero que al final resulta ser una imitación de algo o una falsificación. Y no hay devolución porque no existe siquiera una garantía.

Promesas vacías ante un cliente que, si desconoce de lo que comprará, puede ser estafado, mentido y con una culpabilidad de haberlo adquirido. Tristemente esto no es un simple producto, es un voto; un voto que puede decidir la vida de los más de 120 millones de mexicanos. Donde el voto nulo podrá ser aceptado moralmente como una antipatía política, pero que nuestras autoridades electorales lo usan para beneficiar al que menos deseabas que dirigiera nuestro país. Llegando a no creer en una autoridad, sino en nuestra propia libertad.

Todavía no tenemos la certeza de quienes serán los candidatos fijos para la boleta que nos harán elegir el 1° de Julio. Solo han sonado nombres, quienes han mostrado sus intenciones de ser venerado con una banda presidencial, en el coloso del despilfarro de José López Portillo, ante una hipocresía partidista; quienes solo ven por su propio interés y buscan justificar sus actos pensando en cómo contestar ante sus incompetencias.

Tenemos que escoger —entre los que aún mantienen sus intenciones y los que están asegurados sus nombres en la planilla— al que nos debe representar durante un sexenio en donde deben resolver cinco ejes que realmente preocupa a nuestra sociedad, nuestro mundo mortal: Seguridad, corrupción, poder adquisitivo, educación y salud. Algo que no es imposible de pedir, que es nuestro derecho para mejorar nuestra sociedad a largo plazo. Tristemente, ningún candidato tiene en mente una propuesta real y concreta sobre estos cinco ejes problemáticos.

En nuestra futura plantilla solo tenemos confirmados a tres: quién ha sido un buen servidor público durante los últimos dos sexenios, pero que al estar abanderado por el partido oficial cayó toda su credibilidad y que se ve complicado convencer a un electorado que está demasiado indignado con la actual administración. Quien ha participado en las últimas dos elecciones presidenciales y que ha sido líder en cada encuesta que se ha presentado; pero su agresividad ante la prensa, los cómplices acusados de corrupción con los que ha estado rodeado, y su nula coherencia de propuesta política lo han orillado a que haya perdido las últimas dos elecciones.

Y quien aún no ha estado confirmado, pero quién ya es un hecho que alcanzará su registro por cumplir las firmas requeridas por nuestra autoridad electoral —de formas muy sospechosas de mi parte— es el actual gobernador de la Cataluña Mexicana, quién bajo la bandera “independiente” ha declarado públicamente su machismo, su homofobia y quien decidió gastar más de 30 millones de pesos —junto con empresas privadas— para dar un partido de fútbol y dar una parafernalia innecesaria en vez que sea bien invertido en algo realmente útil para la sociedad regiomontana.

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Principales partidos políticos de México

Y quienes no tenemos confirmación; pero ya se traicionan en un “Frente Ciudadano” que en realidad de ciudadano no tiene ni de nombre, es entre el actual Jefe de Gobierno de la ciudad más poblada de México. Quien no ha logrado controlar el repunte de violencia en ninguna Delegación, ha permitido el crecimiento desmedido de la ciudad con edificaciones que violan leyes ambientales, de construcción y que solo maximizan los ingresos por parte de los privados. Y la ineficiencia absoluta del transporte masivo más grande de la ciudad con las constantes fallas en el pilotaje de sus trenes, amublantaje masivo como un mercado marroquí, robos y acoso sexual de cientos de gaznápiros; pero que prefiere hacer conciertos monumentales y gastos innecesarios como su colega del norte.

También tenemos a quién es actual líder del partido opositor, pero su obsesión para llegar al poder hicieron que renunciara la candidata mejor posicionada dentro del partido; que si bien, ella logra un mérito en ser una contendiente real en la próxima elección, el lastre de la administración de su actual esposo hace no convencer a un electorado que ya necesita una solución real a un problema de inseguridad que empezó con él, no una cornucopia solo para que se vea bonito e iluminado para apaciguar.

En la segunda parte, dentro de una semana, hablaré concretamente de las propuestas que ya han dado como parte de su “precampaña” y que ponen en conflicto a varias familias de por quién votarán en poco más de siete meses. Que alguien nos libre del cabalístico 2018.

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