La vida en el siglo XXI se ha convertido en una serie de decisiones que te llevan a tomar el control, pero no de la forma que se podría creer.

Conforme ha avanzado la tecnología han sido mayor el número de beneficios y tareas que se han simplificado, desde acceder a información disponible en el otro lado del Mundo hasta dejar de preocuparte por pasar frío gracias a los reguladores de temperatura, sin embargo, este mismo hecho ha llevado a que la vida diaria dependa más del control.

No, no estoy hablando de la manera en la cual cada persona reflexiona y analiza sus decisiones, me refiero a una serie de aparatos que sirven para realizar selecciones o ajustes en los dispositivos, en concreto, hablo del control remoto, así que si usted esperaba una lección de motivación de una persona cualquiera, puede dejar de leer ahora mismo, gracias por aumentar el contador de visitas.

Anteriormente, la vida dependía en exclusiva de un único control, en concreto, el de la televisión, con un único aparato se podía encender un dispositivo, elegir canales, ajustar el volumen o configurar las distintas opciones para ver con comodidad un programa de televisión, incluso el cable dependía del mismo aparato, obviamente, los videojuegos o los reproductores de películas ya tenían sus propios mandos, eran vistos como algo que solamente se utilizaba ocasionalmente, no de manera diaria.

Sí, era menos que ver, pero menos que usar

Ahora no, ahora el simple hecho de ver un programa de televisión requiere el uso de por lo menos dos controles: el del propio televisor y el del decodificador, si bien, se han hecho esfuerzos por unificar la tarea en un solo mando, en ocasiones es necesaria la intervención del otro aparato para librar las carencias, por ejemplo, subir el volumen de la televisión porque el decodificador no tiene suficiente potencia.

La tarea aumenta cuando se quiere hacer uso de algún servicio de streaming, ya sea Netflix, HBO Go, Amazon Prime o Blim, todos ellos dependen de una televisión inteligente (ahorras un control) o de otro dispositivo complementario que permita dotar de capacidades inteligentes a los televisores, en este caso la tarea ya aumenta a por lo menos dos controles, incluso tres, si es necesario el uso de un teclado o un ratón para poder hacer las selecciones de manera adecuada.

No estoy desvariando, estoy hablando de algo que me tocó observar el otro día y que me llevó a esta reflexión tan extraña, me di cuenta que necesité de tres controles o aparatos de selección para poder ver una película, digo, es evidente que a lo mejor fue una situación excepcional, alejada de la regla, pero, me pareció curioso como este hecho puede ser interpretado como uno de los retrocesos en los avances de la tecnología.

Obviamente existen aplicaciones que en teoría permiten sustituir todos los controles en una sola pantalla coordinada desde un teléfono móvil, sin embargo, honestamente a casi nadie se le ocurre usarlas en ese momento concreto, pareciera pues, que la propia inercia del momento o la necesidad motriz de tocar un botón releguen a las aplicaciones de control como una mera anécdota o una utilidad para presumir el momento.

Mucho se ha hablado de la convergencia digital a lo largo del tiempo, que con un aparato se ha podido sustituir a varios o que la comunicación es más sencilla, en efecto, yo no soy nadie para negar la tecnología, de hecho, esto lo escribo desde una tableta y no desde una computadora, sin embargo, este hecho nos ha convertido en más dependientes de nuestra propia memoria, antes, si se olvidaba el MP3 o la cámara no pasaba nada, te quedaba el teléfono, sin embargo, ahora un sólo olvido significa quedarse sin comunicación o entretenimiento durante un periodo de tiempo, claro, para muchos es una bendición salvarse de los negros del WhatsApp o los Piolines motivacionales, no obstante, para otros el mundo se acaba cuando no tiene acceso a la comunicación.

Al igual, la vida inalámbrica se ha convertido en algo más dependiente de los cables, antes uno podía salir seguro de que volvería con un teléfono que mantendría un nivel de carga normal, ahora no, lo normal es salir con un cargador y/o una batería portátil para asegurarse la presencia en el Mundo, el cable se ha convertido en un símbolo de la propia modernidad, algo alejado a lo que los inventores habían buscado.

No, no estoy en contra de la tecnología, es imposible que esté en contra de algo de lo que se supone quiero vivir, pero, si me parece curioso como el propio progreso ha llevado a retornar algunas de las tareas más básicas del ser humano, mientras creemos que somos independientes, en realidad estamos más atados a una serie de tareas que eran vistas como algo arcaico, desde usar controles para multitud de aparatos hasta la dependencia de un enchufe eléctrico y un cable, no, no es triste, no es deprimente, no es malo, al contrario, nos recuerda que siempre seremos personas, siempre seremos los mismos aunque creamos que esto es diferente, siempre terminas cayendo.

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