China, un país que ha visto en el balompié toda una amalgama de posibilidades: desde el incremento de sus propias capacidades deportivas hasta una moneda para utilizarse a cambio de lealtades políticas, sin olvidar las posibilidades que brindan las inversiones de empresarios en Europa, todo ello conjuntando en una sola política de estado.

Superliga, donde el dinero no importa.

Mientras el mundo del futbol se está volviendo loco por la decisión de la FIFA de aumentar el número de participantes a 48 selecciones a partir del Mundial del 2026, China, uno de los estados con menor poder en ese deporte se está ganando portadas a nivel internacional por el gasto millonario que están haciendo algunos clubes en adquirir a futbolistas de renombre.

El último caso ha sido el del mediocampista brasileño Oscar, quien pasó del Chelsea al Shanghai Spig en un fichaje valorado en 35 millones de euros (la friolera cantidad de 1847 millones de pesos) según el portal Transfermarkt; otro futbolista importante que ha llegado al gigante asiático en estos días es el delantero argentino Carlos Tevez, cuyo traspaso desde el Boca Juniors al Shanghai Shenhua fue de 8.5 millones de euros (nada más 195 millones de nuestra moneda nacional).

Quizá el club que cuenta con una mayor cantidad de talento extranjero en su nómina es el Hebei China Fortune de la ciudad de Qinhuangdao, dirigido por el técnico chileno Manuel Pellegrini destaca además por contar entre otros con jugadores de la talla del argentino Ezequiel Lavezzi, el costamarfileño Gervinho, el camerunés Stephan Mbia y el francés Gaël Kakuta. Este club saltó a los titulares a finales de diciembre por ofrecer a Lionel Messi un contrato por 500 millones de euros con una duración de 5 años, de momento la estrella argentina lo ha rechazado. También se ha relacionado a este conjunto con la estrella colombiana James Rodríguez.

La Super Liga de China que actualmente cuenta con 16 equipos se convirtió en la segunda liga a nivel internacional en gastos de fichajes durante el mercado de verano del 2016, superando los 400 millones de euros en total, únicamente la Premier League inglesa ha invertido más en ese ramo.

Futbol contra el enemigo

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El Presidente de la República Popular China Xi Jinping pateando un balón. Foto: Reuters / David Moir

Tomando el título de un excelente libro del periodista inglés Simon Kuper, podemos decir que en China se está viviendo algo similar al título de la obra, desde la llegada al poder del presidente Xi Jinping se ha comenzado a crear una política de estado encaminada al crecimiento del futbol en el país asiático. Diversos medios de comunicación han reportado que entre sus planes se encuentran la construcción de más de 20 mil canchas en todo el país, la inclusión del balompié como una materia obligatoria en las escuelas del país y finalmente conseguir ser la sede de una Copa Mundial de Fútbol, sin embargo, este último objetivo no se podrá cumplir como mínimo hasta el año 2030 o 2034 debido a la política de rotación continental de la FIFA.

Conscientes de su cada vez mayor peso en la esfera mundial, los chinos están tratando de potenciar su soft power, es decir, aquellas herramientas con las que un estado influye en otros países sin necesidad de hacer uso de la fuerza militar,  algunas de ellas son las instituciones de promoción cultural, las compañías presentes en el extranjero, los productos audiovisuales o el deporte.

Según el estudio anual de soft power de la revista inglesa Monocle, China se encuentra en la posición número 20 del ranking mundial, aunque pueda parecer un sitio modesto se hace notar el crecimiento en posiciones, destacando especialmente el aumento de alumnos del idioma mandarín en el extranjero, sin embargo, la nación pierde puntos debido al uso propagandisto de sus dos principales medios de comunicación internacionales: el canal de televisión CGTN (antes CCTV) y la agencia de noticias Xinhua.

Y es que los chinos no solamente invierten en futbol en su propio territorio, cada vez es más habitual que empresarios de ese país decidan invertir en clubes extranjeros, según la revista española Panenka entre los clubes con propietarios o accionistas de ese estado se encuentran: el Atlético de Madrid, el Espanyol de Barcelona, el Granada, el Inter de Milán, el Slavia de Praga o el Aston Vila inglés.

Según Panenka, el crecimiento de las inversiones de empresarios chinos en clubes extranjeros es apoyado por el politburó del Partido Comunista de China:

En la práctica, los multimillonarios se están multiplicando a grandes pasos gracias a los favores de la oligarquía y las empresas están enfocando su interés hacia la industria del deporte. Y cómo no, hacia el fúbol, una disciplina “menos elitista” que el golf. Empresas como Wanda Sports, China Media Capital, Double-Edge Sports o Rastar Group están invirtiendo muchos dólares en el fútbol mundial.

Y es que, no solamente se está invirtiendo en equipos por parte de los chinos, también en instalaciones deportivas en naciones de América Latina, África y Asia a cambio de favores políticos, esto se basa en una doctrina de política exterior china conocida como la diplomacia de estadios.

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Estadio Nacional de San José, Costa Rica. Foto: Wikimedia

El caso más reconocido en los tiempos recientes ha sido la construcción del Estadio Nacional de San José, el cual cuenta con capacidad para 35 mil espectadores y es considerado como el más moderno de América Central. Este recinto deportivo fue un premio de la República Popular China al Gobierno de Costa Rica con valor de 110 millones de dólares a cambio de romper relaciones con Taiwán (sede de la capitalista República de China) y reconocer a Pekín como el verdadero representante del pueblo chino.

Este tipo de obras también se han sucedido en otros países menos conocidos de África, de hecho, en Angola se han financiado cuatro estadios, aunque en este caso se trata de un gobierno afín a las doctrinas de China. Mientras que en el pequeño archipielago de Kiribati (Oceanía) ocurrió justo lo contrario, cuando el gobierno de ese estado decidió cambiar las relaciones con Beijing por Taiwán desde China se paralizó una construcción, la cual fue terminada por taiwaneses en 2006.

Make China Great Again

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Selección Nacional de Fútbol de China. Foto: Wikimedia.

Ese podría ser el lema de la nueva política exterior del gigante asiático, una que busca aumentar su presencia mediante el crecimiento de empresas tecnológicas como Xiaomi, Huawei o Alibaba; de construcción; o financieras en otros países, y con ello aumentar el poder y la influencia de la nación alrededor del mundo.

En el futbol, las cosas van por el mismo camino, el incremento del gasto de los clubes y la llegada de estrellas internacionales no es más que una política impulsada por el gobierno, con estos gestos no se busca aumentar el interés internacional por la competición, al contrario se pretende fomentar la formación de futbolistas de calidad nacionales.

A diferencia de otras ligas de reciente creación como la MLS estadounidense, la A-League de Australia o la Superliga de la India, China no busca convertirse en un paraíso de retiro para futbolistas que van de salida, pretende que estos sean los guías para las juventudes deportistas que se forman desde la primaria.

El mismo motivo ha sido el que ha llevado a empresarios y autoridades del país a buscar la celebración de partidos internacionales de importancia en estadios chinos, ejemplos de ello han sido un partido amistoso entre Brasil y Argentina denominado como el “Superclásico de las Américas” en septiembre de 2014, o las finales de la Supercopa de Italia en los años 2009, 2011, 2012 y 2015. Incluso la modificación de horarios de ligas europeas para satisfacer a los espectadores orientales son gestos visibles del poder que ha alcanzado el gigante asiático.

De momento la única participación del país en un torneo internacional varonil fue en el Mundial de Corea-Japón 2002 cuando fueron eliminados en primera ronda al caer derrotados ante Brasil, Costa Rica y Turquía. Puede ser que con el aumento de la competición a 48 equipos veamos a China jugar un mundial, aunque desde su propio país lo dudan.

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Un comentario sobre “El futbol rojo de Mao

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